El gran problema del periodismo no es lo que dice sino lo que calla

Durante el conflicto los periodistas han sido víctimas, pero también jueces y partes de la confrontación. Sobre periodismo, su pertinencia y sus fallas actuales e históricas habla Marta Ruiz, integrante de la Comisión de la Verdad.

De un lado y de otro, el periodismo ha jugado un papel trascendental en la guerra en Colombia. Desde su cubrimiento, pasando por su evasión o simplificación, hasta ser víctimas directas, periodistas y medios de comunicación han estado inmersos durante toda la historia del conflicto del país que aún no acaba. Hoy, cuando la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición emprende una búsqueda para que los colombianos entendamos por qué nos hemos matado como nos hemos matado por más de medio siglo, el periodismo es una de las herramientas con la que se quiere llegar a conclusiones. Antes de emprender ese camino, Marta Ruiz, periodista de larga trayectoria en temas de política y conflicto en Colombia, deja algunas reflexiones en esta entrevista sobre medios, información, periodistas y audiencias.

¿En qué consiste ese rol del periodismo en una construcción de la verdad?

El periodismo se fundamenta en la búsqueda de la verdad, es su razón de ser, y por eso puede contribuir significativamente a una Comisión de la Verdad. En sus métodos, en sus conocimientos, hay muchos aportes que puede hacer a la construcción colectiva de un relato de nación para entender qué pasó en una guerra tan larga como la nuestra.

Todos sabemos y hemos querido que el periodismo no se limite solo a contar lo que pasó y sea más que un registro de hechos. La idea es que el periodismo nos permita ahondar en por qué pasan las cosas y en las causas profundas, en los porqués. En esta constante transformación que viven los medios de comunicación, el periodismo de contexto es cada vez más importante, sobre todo en un mundo donde abundan las falsas noticias, la fragmentación, la polarización y los algoritmos que determinan a qué información accedes o no.

El concepto de universalidad de la información se ha ido reduciendo, el de cultura general también. Hace años tú cogías el periódico tomando el café en la mañana, lo leías, y te daba un concepto de universalidad incluso de temas que no te interesaban. Hoy en día, cuando vas a internet, solo lees las cosas que te interesan. Eso nos hace perder cada vez más el contexto y la complejidad. Eso va simplificando nuestra mente. Y yo creo que la realidad necesita mentes complejas. Necesita relatos complejos. El tema de la simplificación no ayuda mucho, porque la realidad no es blanco y negro, como nos la pinta a veces la propaganda: que solo hay buenos y malos. Claro que hay buenos y malos, pero a veces los buenos hacen de malos y viceversa. Y todo eso es lo que el periodismo está obligado a contar.

El periodismo es y será una de las grandes fuentes de verdad y de construcción de relatos de verdad. La frase manida, pero cierta, de que el periodismo es el borrador de la historia, es verdad: todo lo que sabemos ha pasado por el periodismo. Pero también hay muchas cosas que no pasaron por el periodismo. Y cada vez que una sociedad tenga mejor periodismo, su relato histórico y de verdad va a ser mejor. Si una sociedad tiene un mal periodismo eso afecta el relato de verdad y, por lo general, durante las guerras, el periodismo decae por el miedo, por las filiaciones políticas, por la niebla que produce la guerra… No cabe duda de que en un proceso como el nuestro, el periodismo es directa o indirectamente un borrador de la historia, y lo digo porque los miles de estudios que se han hecho se basan en el periodismo.

Ahora, también están los vacíos: hay muchos temas que el periodismo ha ignorado, que ha tratado a medias, o incluso hay mentiras que se han instalado en la sociedad y que el periodismo ha replicado o le ha hecho eco. Sobre todo, verdades a medias. Entonces, yo siento que el periodismo no es mentiroso, sino que dado que es muy fuerte la labor propagandística de los actores de la guerra, a veces el periodismo queda contaminado de eso.

Por ejemplo…

Te voy a dar ejemplos internacionales para ponerte en contexto. Por ejemplo de Netflix: La Guerra de Vietnam. Hay una cosa muy interesante cuando ves La Guerra de Vietnam, y puedes extrapolarlo a cualquier guerra, incluso la colombiana. Durante mucho tiempo el gobierno ya sabía que esa guerra no la iban a ganar. Sin embargo, siguieron combatiendo produciendo muchas, muchas bajas al enemigo. Actualmente, los militares estadounidenses todavía dicen “nosotros perdimos la guerra en los medios, pero la ganamos en el campo de batalla porque los muertos son una proporción inmensamente mayor”. Pero eso no quiere decir que la guerra la iban ganando. Entonces, a veces tenemos esos discursos solo en cifras: cuentan las bajas y concluyen que van ganando porque han hecho más bajas al enemigo. Y así no se gana una guerra. Si no sofisticas la lectura, si no haces una lectura más fuerte, entendiendo el juego político, entonces te quedas con cifras. Te quedas con lo aparente. El caso de la guerra de Vietnam hoy, 50 años después, se ve mejor en un documental cómo se generó en su momento una visión engañosa de lo que estaba pasando. Sí, tienes las cifras y las cifras no mienten. Pero estaban perdiendo la guerra a pesar de hacerle más bajas al enemigo. Así es como se pueden producir hechos propagandísticos. Es decir, verdades a medias. Y si el periodista no se pone a hacer un análisis más a profundidad pierde la noción de la realidad.

Marta Ruiz es periodista con una experiencia de más de quince años cubriendo el conflicto armado interno, tanto en prensa como en televisión. Foto: cortesía Comisión de la Verdad.

En el caso de Colombia, sin duda, ha habido grandes figuras del periodismo. Sin embargo, los medios no han gozado o no gozan ahora de la mejor reputación. El periodismo es algo muy romántico enmarcado en un negocio. ¿La verdad cómo entra en ese juego?

Es que el periodismo es todo eso: los periodistas, las noticias, los medios, las audiencias… Es decir, no existe lo uno sin lo otro. Los límites que tiene el periodismo en Colombia son los límites que tiene la democracia en Colombia.

Colombia es una democracia que parece un queso gruyer: lleno de huecos. Tiene muchos problemas. Y por supuesto el periodismo en Colombia podría ser mucho mejor. Pero, para empezar, yo creo en general en la honestidad de casi todos los periodistas colombianos. No voy a hablar de los medios porque no se puede generalizar en tema de medios. No se puede meter en una misma bolsa a todos: ni los locales ni los públicos ni los privados ni los nacionales. Yo sí parto de la buena fe de los periodistas y lo digo con conocimiento de causa. Siempre hemos hecho nuestro trabajo confiando en que nos vamos a acercar a la verdad. Hay excepciones, sin duda. Pero sí creo que hay un ecosistema muy limitado: la calidad del periodismo podría ser muchos mejor si hubiera más transparencia, si hubiese más confianza pública, si las instituciones fueran más fuertes, eficientes, que tú pudieras tener acceso verdadero a información.

Hay muchos problemas de acceso a la información, los periodistas trabajamos con una precariedad de fuentes y de información muy grande y la economía política del periodismo va en detrimento de la calidad… Y el ecosistema de la guerra es peor. Ahí sí hay muchos problemas en las narrativas. Por ejemplo: hemos privilegiado la narrativa judicial. Para nosotros la narrativa del conflicto ha sido más desde los crímenes que desde, por ejemplo, lo sociológico. Y para mí el gran problema del periodismo no es lo que dice, es lo que calla. Me parece más complejo en nuestra agenda lo que no se ve. Ni siquiera es que sea una censura: hay temas que los periodistas no vemos porque vamos siempre tras el reflector de las fuentes oficiales, el reflector de los hechos, que aquí son vertiginosos, hacen que no veamos otra cantidad de cosas. Por ejemplo, tuve una reflexión en estos días de la Comisión de La Verdad sobre el tema del narcotráfico. Nosotros escribimos kilómetros de textos sobre los cultivos ilícitos. Y se ha creado el imaginario de que los cultivos ilícitos son el problema principal del narcotráfico en Colombia. Pero el narcotráfico tiene tantas escalas, que el cultivo es solo la base y es la parte menos rentable del negocio. De ahí en adelante el negocio se empieza a poner rentable, y cada vez es más poderosa la gente que lo maneja. Y yo creo que, ahora, de los cultivos para allá, no sabemos nada. Podemos decir quién es el que maneja los cultivos ilícitos, pero que nosotros digamos hoy que sabemos cómo se maneja el negocio…

Por eso te digo, tenemos que ir más a los lugares de la oscuridad, de las sombras. Estar menos en el reflector y más en las sombras. Se ponen ciertos temas de moda y todos estamos allí. Pero muy poca gente está poniendo la agenda diciendo: “oye, fíjate en este tema que nadie lo está viendo”. Ese es otro problema.

Teniendo todo eso en cuenta, y sabiendo que Colombia es uno de los países más conectados a internet, al menos de Latinoamérica, ¿usted considera que los colombianos sí vivimos informados, sobre todo en este tema del conflicto, los acuerdos…?

A ver… yo no voy a denigrar de las redes ni de los nuevos medios. Así como han sido usadas para campañas de desinformación, también han democratizado mucho la información. Pero tienen un gran problema y es que ahí la gente no puede discriminar o diferenciar qué es verdad de lo que no es verdad. Ahí está la importancia del periodismo. El periodista es un mediador, alguien que toma la información y la tiene que verificar: la gran esencia del periodismo es la verificación. Y cuando te suscribes a un medio estás pagando porque sabes que allí hay alguien que se sentó a verificar eso. Es un acto de credibilidad porque sabes que no es una información que salió en bruto de algún lado. Por eso no creo mucho en las teorías que hablan de la desaparición de los medios. Empezaron diciendo primero que iba a ser por los blogueros, ahora vamos en los youtuber, los influencer… y no. Lo que la gente necesita es confianza.

Que si las masas populares están bien informadas… mira, hoy en día creo que eso va a depender de la calidad de la radio. El único medio al que tenemos acceso sin pagar es la radio. Creo que la radio es demasiado importante porque es lo único a lo que masivamente se tiene real acceso. Si la gente hoy en día está bien informada o no, yo creo que hoy al menos tienen mayores posibilidades de informarse mejor. Y también mayores posibilidades de informarse peor. Hoy tienen esas dos posibilidades. En eso sí hace falta un gran proyecto cultural para que la gente aprenda a leer bien los medios y lo que recibe. La gente va a recibir escoria y oro al mismo tiempo. Y a veces mezclado. Y ahí hay algo muy cierto: los tomadores de decisiones van a necesitar siempre información de calidad. Y en la medida en que una sociedad sea más democrática, menos concentrada, más pluralista, va a haber más centros de tomas de decisiones, va a haber más gente que necesita información porque si hay buenos liderazgos y una democracia viva, el liderazgo tiene que estar más repartido, las posibilidades de la sociedad son mayores y la información va a ser más crítica para más gente. Si nos gobiernan cinco personas, cinco familias o cinco grupos, pues solo necesitarían información de calidad esos cinco. En la medida en que más democrática sea una sociedad, más gente va a demandar información. Porque nadie que tenga que tomar decisiones políticas, económicas, culturales, de vida cotidiana, va a tomar esas decisiones sobre la base de no saber si eso es verdad o mentira.

Teniendo en cuenta entonces que los límites del periodismo son los mismos límites de la democracia, se entiende que haya periodista que en Colombia tomen partido. ¿Eso qué tan propicio es?

Sin duda. Yo ahí distingo varias cosas. Hay un periodismo que es militante: gente que tiene medios de comunicación que son para divulgar ideas de un partido, de una posición ideológica, etcétera. El periodismo no es neutro porque la neutralidad como tal no existe. Puede que el periodismo ni siquiera sea objetivo porque en la medida que tomas decisiones estás apuntándole a un punto de vista: qué historia vas a hacer, a quién llamas, cómo la vas a hacer… En ese grupo de toma de decisiones ya estás mostrando un punto de vista. Pero hay una cuestión: el rigor, la profundidad y la búsqueda de un equilibrio. El periodismo tiene la obligación de ser completo y exhaustivo. Eso quiere decir que el periodista debe esforzarse en mostrar todas las posibles miradas alrededor de un tema. Cuando uno ha sido riguroso en esas miradas uno puede armarse un juicio e interpretar la realidad. Eso es darle un punto de vista ‘b’ y eso cambia mucho la mirada de las cosas. Pero no podrías estar haciendo una nota donde diga todo el tiempo mitad de la gente dice que esto es así y la otra mitad dice que es así. Es más bien decir: con todos los elementos que he recogido esto es lo que a mi juicio pasó.

El periodista debe ser transparente en decir cuáles son sus preguntas sin respuesta, donde hay vacíos de la información. No hay que renunciar a la ambición de objetividad, hay es que pelear todo el tiempo contra las convicciones propias. Un periodista que publique en los medios donde la gente se informa debería pelear todo el tiempo contra sus propias convicciones. Intentar escuchar más a los otros lados. Al final no es solo el testimonio y solo escuchar, sino llegar también a lo que es verificable. Acá en la Comisión eso es muy importante. La Comisión es puro periodismo porque vas a encontrar que aquí todo el mundo piensa diferente. Ahí es donde empiezas a preguntarte por la verdad, por los hechos. Las opiniones, las percepciones son importantes en los debates y la interpretación, pero tienes que estar seguro de que los hechos son tal como me los están diciendo. De ahí en adelante, todo el mundo puede opinar todo lo que quiera. Si no estás seguro de los hechos, estás naufragando en un fango.

Justamente, en una entrevista para Hacemos Memoria, Francisco de Roux habló de que los periodistas en su ejercicio podrían haber contribuido al conflicto ¿Qué opina al respecto? ¿De qué se trata eso?

A ver: lo que pasa es que en un conflicto que puede tener características de guerra civil todos los sectores de la sociedad se ven involucrados de una manera y de otra. Los medios de comunicación han jugado un rol muy diverso a lo largo de los años en este conflicto y es muy interesante que los mismos medios puedan hacer una reflexión sobre lo que pasó en estos años y sobre lo que vivieron. Porque vivieron muchas cosas: fueron víctimas, los periodistas y los medios fueron atacados, fueron estigmatizados, acosados. Pero también, muchas comunidades dicen: “los medios nos estigmatizaron”, “los periodistas no nos escucharon”, “los medios solo le dieron la voz al otro”. Entonces, sí creo que hay una deuda del periodismo de ponerse la mano en el corazón y preguntarse: ¿cómo voy yo en todo esto de la verdad? Con mis contribuciones y limitaciones, con mis fallos y aciertos. Y eso merece un reconocimiento ante la sociedad. Los medios y los periodistas podrían decir “esto fue lo que nos pasó a nosotros en el conflicto”. Y eso nos ayudaría a tener más credibilidad.

Yo no creo que la gente ya no cree en los medios, yo lo que creo es que hay otros medios diferentes a los de siempre, así como ya hay públicos diferentes: hay muchos nichos y hay muchos medios que son nicho. Eso es bueno porque si bien un nicho no te deja ver toda la realidad, al menos está la alternativa y no van a ser siempre los medios tradicionales, los de siempre, los convencionales. Ahora hay una cantidad de medios emergentes, en los territorios hay un auge de medios independientes. Entonces, los medios sí están ahí. Son otros.

¿Cuáles serían entonces esas narrativas interesantes que el periodismo puede aportar ahora para construir esa verdad?

Esa es la gran pregunta. Es muy importante también una narrativa que nos construya como nación. Pero no más cantaleta. Es decir, qué pereza más discursos. Lo que creo que tenemos que hacer es un ejercicio verdadero de escucha entre diferentes. Nosotros tenemos que aprender a escuchar con seriedad al otro que no es ni remotamente parecido a mí. No para debatir y agarrarnos en un debate público de un programa de opinión, si no para escuchar allá, en el corazón del otro, qué pedacito de mí hay. Creo que lo más importante para mí es generar un diálogo realmente sincero, sin juicios preestablecidos. Que uno realmente pueda escuchar al otro con tranquilidad, eso me parece que sería un gran aporte del periodismo.

¿Y esa tarea es toda la verdad?

No, esto es un paso. Y es un gran paso. Un paso muy importante. No es el último ni el primero. Es decir, nosotros ya tenemos que reunir mucho de lo producido en este país y vendrán cosas después. La verdad es una construcción social y nosotros sí tenemos que poner un hito. Yo te pongo un ejemplo que personalmente me gusta mucho: Doris Salcedo hizo el contra-monumento con los fusiles de las Farc que se llama Fragmentos. Con el metal de los fusiles hizo un piso martillado por las víctimas de la violencia sexual. ¿Qué puso ella? Un piso. Un piso de una gran casa donde se va a trabajar durante 52 años en proyectos de resignificación del conflicto. Yo pienso que esta Comisión tiene que poner un gran piso donde nos paremos para seguir reflexionando y reinterpretando y reelaborando lo que ha sido la experiencia del conflicto armado en Colombia. Yo espero que el informe de la Comisión sea poner un buen piso a lo que sigue. Poner un punto de partida que recoja lo que ya se ha venido haciendo en el país pero que se diga “esto es una verdad de la cual partimos para seguir construyendo”.

Por: Adrián Atehortúa

 

 

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