La muerte de Benkos Biohó, 400 años de resistencia afrodescendiente

Benkos Biohó fue una de las miles de personas que salieron de los puertos de África occidental con destino a América, convertidas como mercancía en la práctica más vil que jamás haya tenido la humanidad: la esclavitud, un reflejo de la forma violenta en la que esta parte del mundo se había incorporado a la economía global. En el siglo XVI, tras la parcial conquista europea de nuestro continente, se impuso una economía basada en la extracción de metales preciosos y la explotación de haciendas, para lo cual las élites españolas y criollas exigieron mano de obra esclava.

Sin embargo, la prohibición oficial de esclavizar indígenas hizo que se generalizara una práctica hasta ese momento limitada a comerciantes portugueses y mediterráneos: la cacería y el tráfico de esclavos negros a través del océano Atlántico. En las colonias españolas en el Caribe este comercio inició casi al tiempo con la Conquista y se incrementó desde 1580, cuando la Corona se anexó Portugal y convirtió a Cartagena en el principal puerto esclavista del mundo (alrededor de 2.000 esclavizados llegaron al año durante el siglo XVII). Así llegó aquí Benkos Biohó, procedente de las islas Bijagós, hoy parte de la República de Guinea-Bisáu.

Como era de esperarse, la esclavitud generó variadas formas de resistencia en la Nueva Granada. Desde el uso de los cauces legales que permitían la compra de la libertad, hasta la fuga y las rebeliones armadas que fueron frecuentes durante todo el periodo colonial. A lo largo del siglo XVI, por ejemplo, se documentan acciones de esclavos fugitivos en Santa Marta (1529), el Valle del Sinú (1536), Cartagena (1540), Cali (1575), Tunja (1585) o Antioquia (1597). Eran los cimarrones, nombre que se usaba para referirse al ganado perdido y que, ahora extendido despectivamente a seres humanos, se convirtió en sinónimo de emancipación entre las comunidades negras.

Es así como en 1599 Benkós Biohó huyó con su esposa y sus hijos de la casa de Juan Gómez, su captor, llevándose a otros treinta esclavos que fueron sumándose en el camino. Luego de vencer a sus perseguidores, salieron de Cartagena y se refugiaron en la ciénaga de La Matuna, al sur de Tolú, defendieron su poblado con una empalizada (un “palenque”) y durante los años siguientes resistieron ataques armados de los españoles, atrajeron a nuevos fugitivos y atacaron haciendas desde Turbaco hasta Mompox.

La guerra entre los cimarrones y las autoridades coloniales finalizó en 1613, cuando los apalencados lograron el reconocimiento de su autonomía y licencia para entrar libremente a Cartagena, a cambio de no recibir más pobladores y no atacar más a los vecinos de la provincia, mientras que a Benkos Biohó, el ‘rey de La Matuna’, se le permitió visitar el puerto vestido “de capa y espada”. Sin embargo, la paz se rompió en 1619 cuando Benkos fue apresado por un altercado con la guardia del puerto; dos años después, el 16 de marzo de 1621, fue ahorcado bajo los cargos de desacato a la autoridad y de seguir levantando esclavos.

Benkos Biohó murió víctima de un poder jerárquico y violento, incapaz de cumplir sus propios acuerdos y temeroso de la reacción de aquellos a quienes excluía. Pero su lucha, al ser la misma de todo un pueblo, siguió dándose durante los siguientes siglos: en el siglo XVII había nuevos palenques en los Montes de María, el bajo Cauca y el bajo Magdalena; para el XVIII, los pueblos cimarrones estaban aguas arriba de ambos ríos, en el Chocó y las cumbres de las cordilleras, mientras negros libres, mestizos y blancos pobres expandían juntos la frontera agrícola por todo el país. Aún en el siglo XIX, bajo la frustración de una Independencia que no acabó con la esclavitud, las rebeliones continuaron en Valledupar, Barranquilla o San Andrés, hasta cuando la compraventa de seres humanos por fin fue abolida en 1851.

Esta historia emblemática sobrevivió de forma excepcional en una comunidad que en 1691 también obtuvo el reconocimiento de su autonomía y reivindicó a Benkos Biohó como su fundador: San Basilio de Palenque. El pueblo palenquero simboliza de tal manera la supervivencia y el renacimiento africano en América, que en 2008 sus tradiciones fueron declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. 

Los archivos de la Radio Nacional y Radiónica, conservados por Señal Memoria, narran buena parte de ese acervo en el cubrimiento a festivales, artistas y rituales ancestrales, los programas del maestro Manuel Zapata Olivella, el registro de los triunfos del campeón Pambelé y muchas otras muestras de una cultura que tenemos el deber de enaltecer y preservar.

Por: Felipe Arias Escobar
Señal Memoria RTVC
Fotografía: Carlos Bustamante

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