Libardo Antonio Hernández Franco “EL Coreano”, aún en el campo de batalla

“El suscrito mayor (E), Jefe la de División de Archivo General del Ministerio de Defensa Nacional, a solicitud del interesado y previa revisión de la hoja de vida respectiva,

CERTIFICA:

Que el señor LIBARDO ANTONIO HERNÁNDEZ FRANCO, fue dado de alta como Soldado, en el Batallón de Infantería N° 10, “Girardot” guarnición en medellín, el día 13 de septiembre de 1951.- El 16 de enero de 1952, fue trasladado a la Escuela de Infantería,.. en Bogotá. – El 3 de noviembre de 1952 fue trasladado al Batallón de Infantería “Colombia”, en Bogotá. – Prestó servicios en el Batallón Colombia en Corea del 20 de enero de 1953 al 23 de diciembre del mismo año, fecha de su regreso al país. – El 27 de enero de 1954, fue dado de baja por LICENCIAMIENTO. O.D. N° 3. -….”

Así comienzo esta historia, citando al pie de letra, parte del certificado solicitado por el soldado Hernández, y que le fue entregado con fecha 20 de octubre de 1978, para sacar un duplicado de la libreta militar, fechas que ya no están en su memoria, pero si en el alma, porque justo allí, solo permanece vivo lo que realmente nos apasiona, remembranzas que no tienen día ni hora, solo sentires.

Libardo Antonio, “El Coreano”, un alias soportado en esa gran experiencia de vida, de la que hoy poco recuerda, un risaraldense nacido el 7 de junio de 1931, que echó raíces en esta tierra antioqueña, justo aquí en este pueblo ciudad, Rionegro, Antioquia, donde contrajo nupcias con Belarmina García, y de cuya unión nacieron 7 hijos: Omar, Margarita, Beatriz, Claudia, Germán Maryori y Maribel, lo que nos lleva a una gran conclusión, que aplica para la humanidad “Uno sabe de donde viene; pero pertenece adonde encuentra el amor” MAbad.

Después de su regreso de Corea, fue policía, vecino del sector donde residí, en la primera etapa del Barrio El Porvenir, él y su familia, junto al antiguo parqueadero de buses de esa época. Allí la historia y las vivencias me llevan a esa infancia, y las imágenes (diapositivas originales), que con un proyector que incluso le fue regalado en dicha guerra, sus hijas mostraban en un improvisado teatro en la sala de su casa, donde compartían algunos de esos momentos que él alguna vez describió cuando contaba esa proeza: “Nos dijeron a los soldados del batallón Girardot de Medellín…quien se quiera ir a pelear una guerra ajena, dé un paso al frente, y yo di ese paso”, así lo narró, así comenzó su camino hacia el Batallón Colombia, al que perteneció, librando esa contienda de la cual quedan cantidad de anécdotas, como aquella del traslado en barco hacia el territorio de guerra, o en la que nuestro Batallón, cumpliendo con una orden, liberó en 1953 el Monte Calvo (Old Baldy), para dar paso a la victoria, como aquella en la que fue necesario huir y resguardarse bajo el agua, combatir a muerte con el enemigo, incluso hasta el exterminio de rehenes, quedando hasta hace unos cuantos años cruentos recuerdos, de los que solo quería deshacerse, porque “le taladraban el alma”, y es que eso es lo que toda guerra hace, dejar el espíritu quebrantado, aun así, su mayor victoria fue regresar con vida para que hoy, muchos supieran que un héroe de la segunda guerra mundial, anduvo por nuestra tierra paisa, dejando huellas de lo que fue un enfrentamiento sin precedentes, donde se estima que 557 soldados colombianos resultaron heridos, 143 murieron, 71 desaparecieron y de los 30 que las tropas enemigas capturaron, dos nunca volvieron (cifras mundonoticias.com). Con el paso de los años la mayoría ha muerto y de los que aún viven, entre ellos el Coreano, muchos se sienten olvidados,

Un héroe de la segunda guerra mundial que ha recibido varios homenajes por su hazaña, pero hoy este relato va mucho más allá, porque jamás alcanzarán los ágapes, los reconocimientos, por eso he de citar a ese ser humano que resistió los horrores de un enfrentamiento bélico a gran escala y retornó para no quedar en el olvido, hoy, en este presente donde las grandes batallas y sus protagonistas han pasado de largo.

Tuve la oportunidad hace poco más de un año, de adentrarme en su mundo, estar cerca de él y su familia, y hubo instantes de gran expectativa, como uno en el que, pese a su demencia senil (la que le impide hablar y estar mentalmente atento), una reacción inesperada ante un reloj que fijamente miraba, llamó mi atención, entonces su hija Maryori, me cuenta con gran emoción, como hay momentos en los que algunos objetos, entre ellos unos zapatos perfectamente lustrados, desvían su mirada, y adicionalmente, ciertos movimientos, como el que quedó registrado en la imagen que hoy compartimos con ustedes, donde ante mi saludo militar, recibí una respuesta, lapsos de gran significado que van hilando una historia que guarda en lo más profundo de su ser. Sobraron las palabras, bastó esa solemne conexión y nuestras miradas, para saber que, pese a que su cuerpo estaba presente, su mente aún habitaba en el campo de batalla.

Por: MaraAbad©

Obra: Personajes

Fotos Archivo: Familia Hernández, MaraAbad

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