Ponte en los zapatos de un profe

Ayer mientras estábamos en capacitación con el Maestro Miguel Beas Miranda, llegaron mil cosas a mi cabeza. Él hablaba y yo simplemente pensaba:  los educadores estamos viviendo justo lo que él dice.

No solo contestamos llamadas a cualquier hora del día, atendemos con cariño, las dudas de los niños cuando estamos tratando de descansar o tomar un café, ️respondemos mensajes de los jóvenes ️mientras preparamos un rápido desayuno y recibimos las dudas de las familias antes de ir a la cama.

Como dice mi amiga y compañera Ángela:   Es nuestra primera pandemia, nunca nadie nos enseñó cómo había que hacer las cosas…nadie estaba preparado.

  1. Estamos aprendiendo justo con a la par con toda la humanidad.
  2. Convertimos nuestras salas, comedores y bibliotecas en salones de clase, así como los estudiantes en sus casas.
  3. Tuvimos que aprender sobre la marcha el manejo de la virtualidad, teniendo en cuenta que algunos de mis compañeros se han hecho a la distancia.
  4. Comenzamos por alfabetizar a muchos padres, para que ellos a su vez, pudieran ayudar en las actividades de sus hijos.
  5. Muchos de nuestros compañeros están pagando la factura de los servicios como internet o nuevos planes de datos para el desempeño laboral diario, con su salario.
  6. Nos hemos vuelto “expertos” en hacer las clases por redes sociales, por teléfono, WhatsApp, salas virtuales, y aún sí, seguimos recibiendo las tareas de los niños que siguen trabajando en forma tradicional porque no tienen un equipo apropiado. (seguimos visitando la institución para recoger sus tareas).
  7. Nosotros también estamos sufriendo con las carencias en los hogares, con las tristezas y las angustias de los niños, jóvenes y sus familias.
  8. Los educadores también tenemos nuestras propias fracturas emocionales, nuestros dolores, tenemos familias a quienes atender; tenemos padres, hijos, esposos, esposas a la espera de una pequeña tertulia, mascotas que quieren jugar, tenemos nuestras propias tareas en casa.  Nosotros también sentimos, estamos tan abrumados como ustedes, como todos en el mundo… también enfermamos y nos sentimos débiles a veces.
  9. Los educadores no sólo mandamos tareas para la casa, también recordamos a los niños, mandamos mensajes de aliento, recordamos pautas de aseo, los llamamos sino llegan, preguntamos por sus vidas, algunos, han ido hasta sus casas para saber cómo están.  Hemos aprendido a hacer videos, a cantar, a crear condiciones, retos y nuevos ritmos, hemos aprendido a enseñar a leer a través de una pantalla, mis compañeras enseñan las vocales y los números desde un teléfono y todos tratamos de no perder la capacidad de soñar.

Pensamos si podemos volver, pensamos en el tamaño de nuestros salones y cuántos niños caben allí respetando el distanciamiento social.  pensamos también en cómo vivirán ellos, el deseo de abrazar a sus amiguitos sin poder hacerlo. Hemos escuchado a los jóvenes cuando dicen que extrañan a sus compañeros y la vida en comunidad

Hemos aprendido a conectarnos con el corazón; pero de forma diferente, sin perder el calor humano.

Para todos, para nuestros padres, para nuestros amigos, para nuestros vecinos, próximos y lejanos, esto es nuevo.

En lugar de juzgar, ponte en los zapatos de un profe…valóralo.

A mis compañeros toda la admiración y respeto. Esta reflexión es para y por ustedes.

(No anexo fotos de los niños, por respeto a su privacidad).

Por: Claudia Patricia Arbeláez Henao – Docente

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