Salud mental

Resiliencia vs resistencia: en clave de pandemia

La resistencia es la capacidad de aguante que tiene un determinado material para no romperse ante fuerzas físicas o químicas que atentan contra él. Si estas fuerzas sobrepasan la capacidad de resistencia, ese material se ROMPE. La resiliencia, por el contrario, es la capacidad que tiene un material de adaptarse y superar esa fuerza que ha sobrepasado su nivel de resistencia y volver a su forma original a pesar de haberse ROTO.

En otras palabras, la resistencia es lo que somos capaces de aguantar en relación a situaciones, relaciones o nuestro entorno sin “rompernos”, mientras que la resiliencia se trata de la capacidad que tenemos de recuperarnos una vez ese entorno “nos ha roto”.

Visto así, una persona que pasa por un proceso intenso de dolor o trauma, puede resistirlo con el riesgo de romperse, o puede ser resiliente, adaptándose, asumiéndolo, siendo consciente del cambio que esa situación produjo en él y en su entorno, y superándolo hasta regresar a la normalidad, con un nuevo YO; empoderado, consciente, fortalecido.

La pandemia sin lugar a dudas ha puesto a prueba nuestra capacidad de aguante o nuestra capacidad de adaptación, parecen lo mismo, pero en la práctica no lo son.

¿Se puede trabajar la resiliencia en plena pandemia? Sí. Existen personas que son resilientes por temperamento y por factores ambientales que influyeron en ellas en etapas precoces de la vida, pero existimos otro grupo de personas que podemos adquirir resiliencia con trabajo interior y conciencia. Para saber que tan resiliente somos, debemos preguntarnos: ¿Cómo manejo los cambios? ¿Con ansiedad, me paralizo, con tristeza, me adapto, con rabia, aguanto, me resigno? ¿Conoces tus límites, tu lado vulnerable? ¿Cómo los proteges? ¿Cómo incrementas tus recursos personales?

Para aumentar la resiliencia lo primero que debemos hacer es reconocer LA VERDAD, la real, la verdadera realidad de lo que está pasando y de quién soy yo. Si ha sido una pérdida: rutinas a las que estabas acostumbrado, trabajo, familia, amigos, dinero, etc… Déjalo ir, suéltalo y deja entrar nuevamente lo que la vida te proponga. A partir de esto, debes hacer un inventario de los recursos con los que cuentas; por ejemplo, habilidad social, comunicación, constancia, paciencia, apoyo económico o social, recurso familiar, etc. Regula tus pensamientos, sentimientos y acciones, dales un tiempo, postérgalos, serénalos, escúchalos, compréndelos sin juzgarlos, sin etiquetarlos. Cuando sientas que hay orden en tu mente y tus emociones, siéntate y planifica, proyecta, busca opciones, alternativas, y sobre todo, háblalo con otros que te puedan orientar, cuéntale a otros lo que te inquieta, nunca se sabe de donde surgirá una solución.

Lo último y no menos importante, trabaja tus habilidades sociales. Una persona que se relaciona pobremente con su entorno, tenderá a tener menos recursos para enfrentar dificultades, menos resiliencia. Recuerda que los recursos que tú no tengas en tu personalidad, los tendrán las personas que conformen tu red de apoyo.

Por: Ana María Carrillo Rosales

 

 

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