Vereda Alto Bonito. Liderazgo social que transforma

Ubicada en el extremo sur del municipio de Rionegro, la vereda Alto Bonito es una de las más periféricas de la municipalidad; su historia se remonta 50 años atrás, cuando en un principio fue llamada Moravia, debido al común denominador del apellido Morales,  mismo que sus primeros habitantes llevaban, quienes  compraron un pedazo de terreno al señor Reinaldo Morales, fundador de ese recóndito y hermoso paraje de la hidalga ciudad. Un campesino que acostumbraba cosechar estas tierras, en  las cuales se asientan actualmente alrededor de 65 predios, familias constituidas en gran parte por hombres y mujeres trabajadoras, muchas de ellas cabeza de hogar, las cuales son empleadas por cultivos adyacentes a la zona como;  Flores del Lago SAS, y Flores de Oriente. Estas empresas  sustentan los ingresos de los cerca de 200 empleados que viven en el lugar.

Hablar de la vereda Alto Bonito  es evocar la descripción plena del aire fresco que emanan sus montañas. Muchas de sus casas, construidas por los mismos habitantes tenedores del predio, donde don Reinaldo alguna vez cosechó maíz,  están en condición de precariedad, con un sistema de construcción informal, en el cual han participado vecinos y familiares mediante convites comunitarios, como lo manifiesta Víctor Hugo Castro, habitante de la vereda, conciliador y miembro de la Junta de Acción Comunal, la cual se creó hace año y medio con el fin de propender proyectos y beneficios de manera directa.

El matiz social de esta vereda se torna colorido al escuchar la risa de los niños,  184 menores los cuales conviven entre el ruido de un avión y el trinar de un Barranquero;  la niñez de esta zona es tradicional, humilde, ingenua, expectante. En épocas decembrinas la recién conformada junta de acción comunal gestiona algunos regalos para estos niños; en ocasiones no les alcanza, así que son rifados. No obstante, los menores  y sus familias viven con fervor las novenas de aguinaldos y celebran el 24 de diciembre el nacimiento del Niño Dios.

Pese al gran número de niños que habita esta zona, en las cercanías a la vereda es inexistente un espacio para su recreación, como lo manifiesta el presidente de la Junta de Acción Comunal, Hernando Beltrán, un caldense que llegó hace unos años a esta vereda y que cada día se coloca las botas para seguir buscando nuevas y mejores oportunidades para la gente de Alto Bonito. “Hemos logrado organizar muchas cosas los últimos años, gracias a la gestión de la junta y de algunos habitantes; lo más significativo ha sido  la construcción de la  placa huella, 300 metros de enrielado que sirve para ingresar a nuestra vereda, y las escalinatas,  obra que conecta la parte alta de la vereda con los habitantes que tienen su casa más abajo.”

Las familias que habitan  Alto Bonito son de estrato 1 y 2 y actualmente cuentan con saneamiento básico y alumbrado público; algunas familias incluso poseen acceso a  internet. No obstante el llamado de estas personas es constante: “Requerimos más apoyo, ya que las necesidades son muchas; sería bueno contar con beneficios para mejoramientos de vivienda y subsidios, ya que es común encontrar hasta 9 personas conviviendo en una sola casa, algunas no con las mejores condiciones,  sociales e higiénicas.” Manifiesta Víctor Castro.

Para llegar a la vereda Alto Bonito se precisa ingresar por la vereda Cabeceras, doblar hacia la izquierda en la entrada al colegio Guillermo Gaviria y seguir avanzando por la destapada alrededor de 10 minutos si se va en carro, o 20 si se  va a pie.

En retrospectiva y según las fuentes indagadas para este reportaje, lo bueno, lo malo y lo feo de la vereda es:

Lo bueno: la convivencia, sus habitantes, el dinamismo de los líderes comunitarios y de la Junta de Acción Comunal, y el apoyo de la administración Municipal en la ejecución de proyectos de impacto social.

Lo Malo: las condiciones en que viven algunas familias, el hacinamiento en el interior de las casas,  y el estado de algunas viviendas.

Lo feo: Focos de vicio, consumo de alucinógenos en zonas comunes y el aprovechamiento  de foráneos que se camuflan entre los árboles para no ser vistos por las personas.

Terminamos este reportaje, describiendo el ocaso de la tarde; en el horizonte se asoma con ímpetu el cerro  el Capiro, y la cordillera central que rebordea el valle de San Nicolás y el altiplano del oriente antioqueño.

Por: Julián Dávila Baena
Periodista

 

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