Día del campesino

Ningún homenaje más justo que dedicar un día a los campesinos, a reunir todas sus fuerzas vitales, a estar a su lado escuchando sus inquietudes y anhelos.

Desde los días feudales en que los poderosos mantenían con férrea mano la voluntad  y energía de sus esclavos, ha pasado mucha agua bajo los puentes.

A América llegó el conquistador, señor todopoderoso, redivivo centauro, y se dedicó a exprimir al indígena para mantener repletas las arcas de sus majestades. Vinieron los negreros con su cargamento y a tiempo que se enriquecían, establecían aquí la esclavitud.

Dos hechos marcaron el comienzo de la lucha en nuestra patria: Pedro Claver, incrustado él mismo dentro del sistema religioso, llevó consuelo a los oprimidos y sanó las heridas de fuetazos y cadenas. El otro hecho estuvo protagonizado por dos mujeres antioqueñas, analfabetas y ricas, que en campos de Rionegro, decidieron contrariar la sociedad y liberar esclavos que trabajaban la tierra para ellas. A doña Javiera Londoño de Marulanda se le siguió por un sacerdote pleito que pretendía revocar su testamento libertario, porque la sociedad no permitía liberación de esclavos y para no ver disminuidos los fondos que habrían de repartirse los herederos. La justicia se apuntó sonoro triunfo y la anti-esclavitud que inició doña Javiera, comenzó lento y doloroso recorrido por todos los caminos de América. Ella fue adelantada social cuando simultáneo a la liberación de sus esclavos, los dotó de herramientas y parcelas para que pudieran trabajar la tierra en beneficio de ellos mismos y sus familias.

Los campesinos han recorrido tortuoso camino, pero sus manos encallecidas han conquistado méritos y recompensas. Ellos han sabido afrontar silenciosamente la penetración de la industrialización. En estos días que festejamos el día del campesino, recordemos la senda por ellos recorrida y observemos que son soporte básico de la economía y reserva moral de la patria. Ninguna transformación de la humanidad ha sido ajena a las fuerzas campesinas. La revolución industrial vino a confirmar el valor del hombre dedicado al agro como asiento del trabajo material. Mientras más sofisticadas sean las máquinas, más necesitará la humanidad del campesino, de su esfuerzo, de sus conocimientos; de su dedicación al surco.

Cuando en los mercados contemplamos los productos que llegan del campo, entendemos la grandeza sencilla que se encierra en el milagro de cada producto agro. Y allí está el campesino, raíz de la nacionalidad, núcleo de la humanidad.

Por estos días que anteceden a la fiesta del agro, estamos hombro a hombro con los campesinos para decir que ellos son fuerza vital en el progreso material y espiritual de la humanidad y que a todos enviamos nuestra palabra solidaria y esperanzada en un mundo de paz y de trabajo.

Por: Jairo Tobón Villegas
Periódico EL RIONEGRERO. Ed. 002. 1981

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