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Nacida en una humilde vivienda en la Calle Obando, centro de Rionegro, Jessica Liliana Campo Giraldo es hoy la protagonista de esta historia que nos llena de orgullo contar.

Inició en Rionegro sus estudios de primaria en la Escuela Baldomero Sanín Cano y culminó su bachillerato en la Institución Educativa Escuela Normal Superior de María en el año 2008. Ingresó a la Universidad de Antioquia –UdeA– al pregrado de “Microbiología Industrial y Ambiental”, y por su alto promedio fue becada por la universidad y la Gobernación de Antioquia durante su carrera por excelencia.

Su primera práctica académica, en el área Industrial, la realizó con la FLA, encargada responsable del manejo de un reactor alemán muy sofisticado. Al culminarla, la Universidad de Antioquia la invita a Cartagena a un simposio sobre “Bacterias extremófilas en el frío y el calor”, allí se encuentra con unos colegas chilenos que gustosos por su trabajo, la invitan a hacer su práctica académica, en el área Ambiental, en la Universidad Andrés Bello –UNAB– de Chile. Ella es la primera colombiana en ingresar a sus laboratorios como practicante.

En Chile Jessica sobresalió por su investigación y disciplina, lo cual le mereció de parte de la UNAB el mérito de estudiar becada el doctorado en “Biociencias Moleculares”, sin requerir estudios previos de especialización ni maestría.

Estuvo presente en la Expedición Científica Antártica (ECA 55) 2019 del Instituto Antártico Chileno, INACH. Allí junto a la Bioquímica chilena y Doctora en Biotecnología, María Ángeles Cabrera, estuvieron tomando muestras en el suelo antártico, para el “Uso de bacterias extremófilas antárticas… aplicación en celdas solares”.

Así lo explica Jessica a la agencia internacional de noticias Pressenza: “las bacterias, aparte de sobrevivir en estos ambientes, pueden utilizar ciertos compuestos que hay en el medio ambiente para generar algún compuesto de interés o de valor agregado para alguna aplicación industrial. En este caso, nosotros nos interesamos en las bacterias antárticas que pueden crecer a bajas temperaturas y que pueden sintetizar estos compuestos que son nanopartículas”, precisando que “en este momento nos encontramos en la etapa de estudio para saber cómo las sintetizan. Sabemos que pueden sintetizarlas. Entender cómo lo hacen es parte de mi tesis, entender cómo ellas, a nivel bioquímico, están tomando lo que hay en el medio ambiente y pueden generar la nanopartícula”.

Y es que la labor de Jessica no es nada fácil, ya que las muestras biológicas son tomadas en distintos puntos de la península antártica.

“Avanzamos con cuidado en medio de la nada y al mismo tiempo de todo. Con las luces de las linternas íbamos descubriendo que esos extraños montículos que a ojo desnudo con dificultad podíamos distinguir, no eran otra cosa que pingüinos y más pingüinos que se regaban por toda la costa de aquella bahía, y que en el opuesto teníamos una gran pared montañosa.”

La odisea emprendida por esta científica rionegrera en Chile sigue cosechando sueños, anhelos y triunfos. Ahora su familia la componen, además de su madre y hermana, su compañero de vida y su hijo de 4 años.

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El Rionegrero
elrionegrero@gmail.com

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