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Hace un par años, los encargados de la renovación histórica de Rionegro, encontraron restos de un acueducto colonial, que ahora se ve a través de un vidrio de seguridad. Allí mismo hay edificios que cuentan historias de rionegreros ilustres: uno es el Museo Histórico Casa de la Convención. El otro, que no tiene retratos ni tesoros físicos, guarda historias del corazón. Es la Pizzería-Bar La Mansarda, que cumple 40 años sirviendo capuchinos y palitos de queso para celebrar el amor.

Un amor que empezó con el notario Cecilio Echeverri, que vio en la reconstrucción de ese espacio un aporte al futuro del municipio. Le siguieron el arquitecto Juan Echeverri, quien diseñó un edificio moderno en armonía con su entorno histórico, y Jairo Mejía, su constructor. Se les unieron Oliva Velásquez con su invención del Café Mansarda, y Martha y Lila Salazar, quienes elaboraron recetas originales y decoraron un lugar sin igual a comienzos de los años 80. Desde el comienzo, John Marín se encargó de la administración.

Para algunos, los recuerdos más valiosos de La Mansarda están en el segundo piso del local. Para otros son las tardes preciosas que pasaron con sus seres queridos, las charlas que tuvieron con sus amigos en las barras, o la comida: los palitos de queso, las pizzas y los pasteles de pollo.

Otra característica única de La Mansarda durante sus primeros años fue la música. La colección incluía tesoros como el tema de la película El bueno, el malo y el feo; la samba Más que nada, la bossa nova Garota de Ipanema o la canción Happy together.

Durante la construcción del aeropuerto José María Córdova, La Mansarda fue el sitio de reunión de los profesionales que llegaron a la región. Años después, se convirtió en centro de descanso de políticos y actores que llegaban a la Casa de la Convención, así como de cientos de rionegreros que buscaban un ambiente fresco y alegre.

¿Quién no fue a tomar capuchino a La Mansarda después de las procesiones de Semana Santa? A lo largo de esos 40 años, los hermanos John y Gustavo Marín han sido testigos del cambio del municipio. Ellos han visto como Rionegro se ha convertido en el centro de comercio del oriente. Le han dicho adiós a los clientes antiguos y también le han dado la bienvenida a los nuevos, que llegan con la ilusión de prosperar en la región.

Los cierres y los toques de queda de la pandemia fueron un golpe duro para los comerciantes y para sus clientes. Sin embargo, los hermanos Marín siguen en pie, celebrando el amor que los rionegreros les han brindado en sus 40 años y esperando que allí se gesten muchas otras historias de amor.

La Mansarda no tiene fotos ni placas conmemorativas. Sus paredes, en cambio, guardan historias que los rionegreros llevan en su corazón.

Por: Biviana Marín S.

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El Rionegrero
elrionegrero@gmail.com

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