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Estas infraestructuras son fundamentales para recuperar los ecosistemas de los ríos y la calidad de vida de las poblaciones cercanas. La de Rionegro comenzará este mes obras de modernización y ampliación.

Como si se tratara de un ventilador mecánico en un paciente con graves problemas respiratorios, las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR) resultan indispensables para mantener la expectativa de vida de los ríos y quebradas.

Así de vitales son para las cuencas hídricas y para las comunidades, sobre todo en los grandes centros poblados. Parte de la explicación sobre la importancia de las PTAR la tiene Luis Alexander González, jefe de Operaciones de la PTAR Aguas Claras, que es la infraestructura más grande de este tipo que tiene el Grupo EPM.

“Los ríos se auto depuran por su propia naturaleza, pero la carga orgánica contaminante es tan alta cuando hablamos de ciudades o de municipios con altas concentraciones urbanas que el río puede morirse y se vuelve completamente anóxico (sin oxígeno). La población microbiológica cambia y se generan gases olorosos, un aspecto visual desagradable e incluso se vuelve un caldo de cultivo de vectores”, dice González.

Parece un mal chiste, pero sin una PTAR acorde a la cantidad de aguas residuales que generan los habitantes de un municipio, cualquier río se ahoga y se convierte en un problema ambiental de grandes proporciones.

Actualmente las PTAR que funcionan en el Valle de Aburrá (Aguas Claras, en Bello, y San Fernando, en Itagüí) o la de El Retiro, en el Oriente antioqueño, logran un tratamiento cercano al 90 % de las aguas residuales que reciben y devuelven un agua mucho más limpia a los ríos.

Vale recordar, además, que este mes la PTAR Tranvía Rionegro, ubicada en la vereda Cimarrona, comienza trabajos de ampliación y modernización que, a 2023 triplicarán la capacidad de la planta (pasará de 110 litros por segundo a 350). En dichas obras EPM invierte más de $152 mil millones.

¿Cómo funcionan?

Aunque los procedimientos que se realizan dentro de esos tanques que parecen naves espaciales son mucho más complejos, el recorrido que surten las aguas residuales que llegan a esas plantas se podrían separar en tres grandes momentos:

Primero, uno que mediante rejillas y otros mecanismos separa todas las basuras y residuos sólidos grandes. Luego, un proceso físico de aquietamiento en el que el agua se almacena en tanques gigantes y el sedimento va hacia el fondo. Por último, entran en acción una serie de microorganismos que producen un lodo activo que permite que se decante el agua tratada para verterla al río.

Los residuos que quedan de tratar las aguas residuales, que en Aguas Claras pueden ser 90 toneladas cada día, son aprovechados por EPM para elaborar un biosólido que sirve como abono, para reforestar o como material refractario para hacer ladrillos. También se extrae gas metano que cubre el 55 % de la energía que requiere la operación de la propia PTAR.

Aunque las PTAR hacen su trabajo 24/7, su capacidad es limitada. Por eso nunca está de más recordar lo valioso que resulta en el proceso de tratamiento de aguas residuales que las comunidades eviten malas prácticas como desechar aceites usados por los sifones o arrojar a los sanitario elementos que no se degradan como los pañitos húmedos o los preservativos.

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El Rionegrero
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