IPA y REDIPA, anatomía de dos cervezas que desafían el paladar

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El crecimiento de la cerveza artesanal en Colombia ha abierto la puerta a consumidores que buscan sabores más intensos, recetas con identidad y nuevas formas de entender una bebida que dejó de ser simplemente refrescante. En ese universo, la IPA y la REDIPA se convierten en dos estilos ideales para descubrir el equilibrio entre el carácter del lúpulo y la profundidad de las maltas.

Durante años, hablar de cerveza en Colombia parecía conducir inevitablemente hacia los estilos tradicionales y los sabores conocidos. Pero el paladar del consumidor ha cambiado. Hoy existe una curiosidad creciente por experimentar con bebidas de mayor complejidad, descubrir nuevos aromas y entender qué hay detrás de cada receta.

Las cifras dan cuenta de esa transformación. La producción de cerveza artesanal en el país pasó de apenas 330 hectolitros en 2016 a más de 46.000 hectolitros en 2024, un crecimiento que refleja la consolidación de una categoría que encontró espacio entre consumidores dispuestos a explorar propuestas diferentes.

En este escenario, 3 Cordilleras se posiciona como la marca de cerveza artesanal más grande de Colombia, con una participación del 48 % del mercado artesanal y la expectativa de superar los 55.000 hectolitros producidos al cierre del año.

Más allá de las cifras, el fenómeno también habla de una evolución cultural: la cerveza comienza a mirarse con una lógica similar a la que durante años acompañó al vino, el café o los destilados. Importan el origen, los ingredientes, la técnica, el aroma, la textura y, por supuesto, la manera en que todos estos elementos dialogan con la comida.

Cuando el lúpulo toma el protagonismo

Entre los estilos que mejor representan esta búsqueda se encuentra la IPA, India Pale Ale, una de las grandes protagonistas del movimiento cervecero artesanal.

Su principal característica está en el protagonismo del lúpulo, una planta que puede aportar a la cerveza una amplia paleta aromática: desde notas cítricas y frutales hasta perfiles herbales y resinosos.

En la copa, esto se traduce en una cerveza expresiva, aromática y de amargor marcado y limpio. Para quienes se acercan por primera vez a una IPA, la intensidad puede resultar llamativa; para los aficionados, precisamente allí reside buena parte de su atractivo.

La IPA no busca pasar inadvertida. Su personalidad está construida alrededor de la interacción entre aroma, amargor y frescura, convirtiéndola en una opción para quienes disfrutan descubrir capas de sabor en cada sorbo.

REDIPA: el encuentro entre lúpulo y malta

La REDIPA, o Red India Pale Ale, parte de esa misma intensidad lupulada, pero incorpora un elemento que modifica considerablemente la experiencia: el protagonismo de las maltas especializadas.

Su característico tono cobrizo es resultado del uso de maltas tostadas y acarameladas, que aportan matices dulces, notas de tofe y una sensación más envolvente en boca.

El resultado es un ejercicio de equilibrio. Mientras el lúpulo conserva una presencia importante, la malta introduce dulzor, cuerpo y untuosidad, suavizando la percepción del amargor.

Así, IPA y REDIPA pueden entenderse como dos aproximaciones a una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando el lúpulo y la malta compiten, pero también se complementan?

La respuesta está en el vaso. La primera privilegia la frescura, los aromas y el amargor; la segunda suma a esa intensidad una dimensión maltosa, caramelizada y más robusta.

La anatomía de una experiencia

Conocer estas diferencias no es solamente una cuestión para expertos. También permite que el consumidor identifique con mayor facilidad aquello que disfruta y encuentre nuevas posibilidades de consumo.

Una IPA puede resultar especialmente atractiva para quienes buscan sabores cítricos, frutales o herbales y una sensación de amargor pronunciada. La REDIPA, por su parte, puede conquistar a quienes prefieren una cerveza con mayor cuerpo, notas dulces y tostadas, pero sin renunciar a la intensidad característica del lúpulo.

Esa diversidad también amplía las posibilidades gastronómicas. El carácter de estas cervezas permite explorar distintos maridajes y entender cómo el amargor, el dulzor, el tostado y la textura pueden interactuar con los alimentos.

La cerveza artesanal, en ese sentido, deja de ser únicamente una bebida para convertirse en una herramienta para descubrir sabores.

Una categoría que apuesta por la personalidad

Para Juanchi Vélez, fundador de 3 Cordilleras, esa búsqueda de identidad ha sido parte fundamental del proyecto desde su nacimiento.

“Nuestro propósito siempre ha sido elevar la cultura y calidad cervecera en el país. Nos diferenciamos por hacer specialty beers, que son líquidos diferentes con personalidad propia, creados para todos los gustos; desde sabores dulces como la Rosada, hasta los más fuertes como la Negra, o incluso nuestras IPAS de temporada caracterizadas por su amargor marcado”.

La filosofía se refleja también en las ediciones especiales de temporada que la marca presenta para acercar al consumidor a diferentes expresiones de la cerveza artesanal. La IPA está disponible en Éxito, mientras que la REDIPA puede encontrarse en Jumbo.

Más que dos referencias adicionales, la propuesta funciona como una invitación a explorar los elementos que construyen una cerveza: el ingrediente que aporta aroma y amargor, las maltas que entregan cuerpo y dulzor, el color, la textura y la manera en que todos ellos terminan expresándose en el paladar.

El respaldo de los concursos

La apuesta por recetas con personalidad también ha encontrado reconocimiento en escenarios especializados. En la Copa Pola Dorada, un jurado internacional otorgó una medalla de plata a la REDIPA, un reconocimiento que respalda el trabajo técnico detrás de la receta y el estándar de calidad de la cervecería.

Estos reconocimientos adquieren relevancia en una categoría que ha ganado consumidores, pero que también enfrenta el reto de educarlos. A medida que aparecen más estilos y propuestas, conocer qué diferencia una cerveza de otra se vuelve parte de la experiencia.

Y ahí está uno de los mayores atractivos de la cerveza artesanal: no existe una única manera de disfrutarla.

De Medellín para una nueva cultura cervecera

La historia de 3 Cordilleras comenzó en Medellín en 2008, bajo la visión de Juanchi Vélez, con el propósito de transformar la cultura cervecera colombiana a través de recetas audaces y auténticas.

Desde entonces, la marca ha construido una propuesta alrededor de cervezas de cuerpo, carácter y calidad, desafiando los esquemas tradicionales de la industria y acercando al consumidor a estilos que antes tenían una presencia mucho más limitada en el país.

Hoy, el crecimiento de la cerveza artesanal demuestra que existe un público dispuesto a ir más allá de lo conocido. Y en ese camino, estilos como la IPA y la REDIPA cumplen una función particular: enseñan que detrás de una cerveza hay mucho más que una bebida fría.

Hay ingredientes, técnica, historia y, sobre todo, una conversación permanente entre el lúpulo y la malta.

Para quien apenas comienza a explorar este mundo, la invitación es sencilla: observar el color, acercar la copa, identificar los aromas, probar y descubrir cómo cambia la percepción del sabor. Porque entender la anatomía de una cerveza también es una manera de aprender a disfrutarla.

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